jueves, 12 de junio de 2008

Pedro Morales Pino.

En la villa de Cartago, situada al norte del Valle del Cauca, nació el 22 de febrero de 1863 este gran exponente de nuestra música colombiana, Pedro Morales Pino, hijo de José Morales y Bárbara Pino, raizales de esa misma ciudad. Desde su mocedad demostró inclinación por el dibujo y la música y cultivó con celo su ejercicio en tal forma que un buen día del año de 1877, Adolfo Sicard, uno de los más entusiastas componentes de la tertulia "El Mosaico", halló este tesoro y lo trajo para Bogotá.
El ambiente propicio hallado aquí para la buena música fue el determinante del éxito y de la creatividad del maestro Morales Pino cuya vida musical se puede concretar así: se preparó convenientemente en la Academia Nacional de Música y luego inició su obra creadora dando al bambuco su peculiar rasgueo y síncopa; divulgó por la América nuestra música típica; fundó a finales del siglo XIX la Lira Colombiana, primera estudiantina del país que mereció los más estruendosos aplausos en los elegantes bailes de la ciudad y en las veladas hogareñas; enseñó sus métodos a aventajados discípulos como Ricardo Acevedo Bernal, Emilio Murillo, Luis A. Calvo y Alejandro Wills, cuyas composiciones han engrosado el caudal musical de Colombia; compuso toda clase de bambucos, pasillos, danzas y valses que en el presente se escuchan con agrado; nostalgia y sentimiento y, finalmente, ejecutó con habilidad y donaire la bandola y la guitarra.
Según Jorge Añez, en su libro "Canciones y Recuerdos" editado por la Imprenta Nacional en 1951, "Morales Pino fue un músico nato por temperamento y por disciplina” que recogió los ritmos de la época para estructurar nuestra verdadera música típica.
En su estudio del "Pasaje Rivas", de la ciudad de Bogotá, Carlos Wodswordi, Blas Forero, Antonio Páramo, Gregorio Silva y Carlos Escamilla, integrantes con Morales Pino de la estudiantina mencionada, ensayaban noche tras noche diferentes piezas para sus futuras presentaciones en el exterior y. en todos los rincones de Colombia. Y en el repertorio, claro está, no podían faltar las obras del profesor y director. Se pueden recordar aquellos pasillos "Pierrot", "Confidencias", "Rayo X", "Reflejos". Los bambucos "Fusagasugueño", "Ingrata y Trigueña" resuenan todavía en el ambiente como sus valses "Ana Luisa" "Mar y Cielo" y "Los Lunares".
Morales Pino murió en Bogotá el 14 de marzo de 1926 y fue objeto de especiales homenajes póstumos, cuya organización fue encabezada por el famoso intelectual Cornelio Hispano. El Congreso Nacional ordenó que el sepelio fuera costeado por el erario público. Sus restos hoy reposan en su ciudad natal donde se construyó un monumento a su memoria.
Pedro

Vida y muerte de Francisco de P. Santander

Vida y muerte de Francisco de P. Santander.-

En la calle 16 No 126, costado norte del parque que lleva su nombre en Bogotá, murió en la tarde del 6 de mayo de 1840 el general Francisco de Paula Santander asistido espiritualmente por el arzobispo Manuel José Mosquera y moralmente por sus amigos personales y políticos, sus fieles servidores y el ama de llaves.
Nuestro epónimo personaje nació el 2 de abril de 1792 en la Villa del Rosario de Cúcuta siendo sus padres el hacendado Juan Agustín Santander Colmenares y doña Manuela Antonia de Omaña Rodríguez, miembros de familias de alta prosapia. En el momento oportuno, su padre decidió enviarlo a Bogotá para seguir sus estudios ya en el Colegio Mayor del Rosario o en el Seminario de San Bartolome.A principios del siglo XIX el joven Santander vistió la beca de colegial de San Bartolomé donde siguió su formación académica con altas calificaciones. Eligió la carrera del Derecho y se formó en estas disciplinas con los mejores catedráticos de la época.
Terminaba sus estudios de jurisprudencia cuando se inició la revuelta del 20 de julio de 1810 y desde ese momento se consagró al servicio de la patria ingresando el 26 de octubre del mismo año al servicio militar con el grado de subteniente-abanderado del Batallón de Infantería de Guardias Nacionales. En el término de nueve (9) años, ascendió en la escala militar desde Subteniente hasta General de División, pasando por Teniente, Capitán, Mayor, Teniente Coronel, Coronel y General de Brigada.
Estuvo presente en las contiendas y sucesos del Alto Apure, Cachirí, Casanare, Tame, Las Termópilas de Paya, Puente de Boyacá y otros más donde demostró su bravura y genio militar.
Casó con doña Sixta Pontón y Piedrahita el 15 de febrero de 1836 en la Parroquia de San Bernardino de Soacha. Fruto de esta unión fueron Clementina y Sixta Tulia Santander Pontón. El General Santander tuvo en el año de 1833 un hijo natural, llamado como su padre y quien también tomó la carrera de las armas.
Escalonando grados, llegó a ser Presidente de la República de Nueva Granada el 7 de octubre de 1832 cuya constitución había sido sancionada meses antes. Su gobierno fue popular de especial creatividad y amplio juicio. La instrucción pública se expandió con su ayuda y las industrias nacionales se vieron favorecidas por él. Durante su gobierno develó la conspiración del general José Sardá el 23 de julio de 1833 y después dejó la Presidencia (1° de abril de 1837) para ocupar una banca en el Congreso Granadino. Se dice que su muerte obedeció a la agravación de su enfermedad hepática en razón de los ataques fustigantes del congresista José Eusebio Borrero.
Una afortunada síntesis de la vida del General Francisco de Paula Santander la hizo Guillermo Valencia cuando dijo: “ Si borrásemos de una plumada a Santander Libertador, a Santander Legislador, a Santander colaborador del Padre de Colombia, a Santander renovador, a Santander restaurador y continuador de magnas tradiciones, se formaría una falla desconcertante y un vacío difícil de colmar en la historia de nuestra independencia y en la primitiva orientación democrática de nuestra nacionalidad”.
Así como a Bolívar se le ha llamado el hombre de las armas, a Santander, con razón, el hombre de las leyes.
Su cuerpo embalsamado estuvo en cámara ardiente en la Iglesia de la Veracruz, panteón de mártires, en el Colegio de San Bartolomé y en la Catedral Primada. Con honras pomposas, en época de guerra civil encarnecida, bajó al sepulcro legando a sus gobernados el encargo de velar por el imperio de la legitimidad y de mantener un espíritu civilista y legalista en las relaciones entre pueblo y gobierno y en las interpersonales propias.

Los Hipódromos de Bogotá

Los conquistadores y primeros pobladores de Santafé celebraban carreras de caballos en la carrera 7ª entre calles 7ª y 10ª, por lo cual se llamó a ese tramo de la ciudad, “Calle de la Carrera”.
Con el pasar del tiempo, para celebrar la victoria de Ayacucho y el aniversario de Carabobo, en un potrero denominado “La Floresta”, cerca de Bogotá, se realizaron varias carreras durante los días 25, 27, 28 y 30 de junio de 1825, impulsadas y bajo el patrocinio de la colonia inglesa. Se sabe que corrieron diversos equinos con nombres heroicos de la época, como Junín, Pichincha, Boyacá, Ayacucho, Vargas, siendo campeón el rucio Ayacucho seguido de Pichincha.
El deporte de los reyes continuó aquí hacia el año de 1845 en un potrero de Fucha de propiedad de don Pepe Portocarrero, donde fue muy celebrada la carrera de los famosos Cisne y Ombligón. Posteriormente, se fundó el hipódromo "La Gran Sabana", ubicado en terrenos que hoy coinciden con la calle 40, Avenida Caracas. A pesar del entusiasmo de sus fundadores, tuvo poca suerte, pero sí representó un ensayo favorable en pro del pura sangre y del fomento de la hípica en Colombia. Más tarde, se construyó el hipódromo de La Merced, con poca historia para continuar con el de La Magdalena, igualmente sin ninguna importancia.
Para efectos de esta reseña, creo que no vale la pena referirnos a otros pequeños hipódromos como los de Muequetá, Puente Aranda y el situado en la carrera 13 con calle 67 de esta ciudad donde hoy aparece un cuartel de la Policía Nacional.
Al iniciarse la década de los años 30, Ricardo Cubides, José María Gómez Campuzano y Gustavo Uribe Ramírez dieron al servicio el "Hipódromo de Bogotá" más conocido con el nombre de "Hipódromo de la 53" situado exactamente donde hoy es el Centro Comercial Galerías. El sistema de arrendamiento impuesto por sus dueños fue adoptado por ciertas empresas como la de Luis Jaramillo Sierra, la Sociedad Hípica, el Jockey Club de Bogotá y la Asociación de Criadores de Caballos P. S. I.
En esta última época el fomento de la hípica tuvo un gran desarrollo y el entusiasmo se concretó en importaciones de puras sangre hasta tal punto que potrancas argentinas, chilenas, francesas y de otras naciones alternaron con caballos formados y corridos, traídos también del exterior, como Maceo, Talero, Pibe y Rioduquera. El juego de las apuestas mutuas, en su mejor época, alcanzó a la "fabulosa" suma de $ 45.000 y la Polla (una especie de 5 y 6) redondeó en los $ 7.200.
Es importante reseñar este hipódromo por cuanto fue el fundamento de la afición hípica en Colombia.
Un buen día, el doctor Jenaro Rico propuso a su familia utilizar su hacienda "San Isidro", aledaña al antiguo Aeropuerto de Techo, para la construcción de un hipódromo. Esta idea se plasmó muchos años después en la constitución de una sociedad llamada "Hipódromo de Techo, S.A.". El día 12 de mayo de 1952 firmaban la escritura correspondiente, agonizando ya el hipódromo de la 53, los siguientes señores: Jenaro Rico, promotor y realizador de la obra, su esposa Magdalena Torres de Rico, su hijo Mario Rico Torres, Ernesto Cubillo, Aurelio Cubillos, Honorato Espinosa y Ponce de León, Manuel A. Lozano A., Carlos Sanz de Santamaría, general Hernando Mora Angueyra, y Carlos Montoya Restrepo. Posteriormente, se incorporaron a la naciente sociedad, hípicos y turfmans tales como Enrique Ancízar Sordo, Luis Restrepo Uribe, Luis Eduardo Mora Angueyra, Eduardo Umaña de la Torre y muchos otros cuyos nombres se me escapan.
La primera reunión de carreras, a donde se desbordó desde la más aristocrática sociedad hasta él más humilde habitante de la ciudad, se verificó el 16 de mayo de 1954.
Gracias a la actividad dinámica y pujante de sus diferentes gerentes (Jenaro Rico, Guillermo Aya Villaveces, Enrique Rodríguez Gutiérrez) el de Techo se convirtió en el más importante de los nuevos hipódromos de América Latina, por la soberbia de sus edificaciones, tribunas y padock, por su club hípico, por su caballada entre la cual recuerdo a Triguero, Amusement, Capuchino, Año Nuevo, Secret Love, Pistolero y muchos otros.
Esta fue la historia de un sitio de recreación bogotana donde cada domingo se realizaban emocionantes carreras; se jugaban fuertes sumas de dinero, se realzaba el pura sangre y se fomentaba la hípica nacional. El 4 de julio de 1982, después de 28 años, un mes y 18 días de carreras, cerró sus puertas este Hipódromo inigualable en Colombia.

martes, 15 de enero de 2008

El Escudo de la muy noble y muy leal ciudad de Bogotá.

El Emperador Carlos V de España, por Real Cédula expedida en Valladolid el 3 de diciembre de 1548, otorgó a la ciudad de Santa Fe el escudo de armas que hoy ostenta.

La Cédula Real dice: “… é por la presente hacemos merced é queremos é mandamos que agora é de aquí adelante la dicha Provincia del dicho Nuevo Reino de Granada é cibdades é villas della hayan é tengan por sus armas conocidas un escudo que en el medio del haya una águila negra rampante entera, coronada de oro que en cada mano tenga una granada colorada en campo de oro, y por orla unos ramos con granadas de oro en campo azul, según va pintado é figurado…”

El águila rampante, que simboliza la firmeza, está tomada del escudo adoptado en 1.500 por la Reina de España. Pero según el Padre Pedro Villamar, citado por Ventura Bermúdez Hernández en su libro “Símbolos de Bogotá”, el águila, reina de las aves, que sin pestañear contempla al sol, significa la leal atención con que esta ciudad mira y rendida atiende los rayos de su sol de justicia.

Para nuestra Alcaldía Mayor, las nueve granadas simbolizan el valor y la intrepidez, pero para el Padre Villamar son símbolo de amor, la ardiente caridad entre los vecinos y para todos los prójimos y personas forasteras. Son formas de interpretar los componentes de un escudo pero, en el fondo, expresan los valores de esta ciudad.

El Dr. Daniel Ortega Ricaurte, miembro de número de la Academia Colombiana de Historia, nos informa que este escudo fue esculpido en piedra y colocado en muchos edificios públicos coloniales, pero dado el grito d independencia, poco a poco fueron desapareciendo debido a los entusiasmos posteriores al 20 de julio de 1810.

sábado, 8 de diciembre de 2007

El Jetón Ferro

Antonio María Ferro Bermúdez, más conocido como el Jetón Ferro, nació en Chiquinquirá el 1º de septiembre de 1876, pero este hecho no fue conmemorado ciento treinta años después como se hace con otros personajes, tal vez porque Bogotá ya no ríe; es huraña, desconfiada, triste e introvertida. Al Bogotá de hoy le hacen falta ingenios como el Jetón Ferro, quien pasó su vida buscando en todo el retruécano jocoso o haciendo la copla picaresca, la estrofa amorosa, el pequeño poema sentimental sin consecuencias, pero de efecto inmediato para el aplauso o para la sonrisa, como bien apuntó Luis E. Nieto Caballero.

Gran parte de su vida la pasó en la Isla de El Santuario, sita al centro de la legendaria laguna de Fúquene “rodeada de un paisaje de meliflua tristeza, de singular belleza y propicia al ensueño”. La laguna, según los biógrafos de este singular repentista, es una reminiscencia de la Gruta Simbólica y escenario de una legión de episodios intelectuales, donde surgió la mejor producción humorística.

El Jetón Ferro fue fundador de la Gruta Simbólica, de tanta fama en los medios intelectuales del siglo XIX y del XX, de la que hicieron parte Clímaco Soto Borda, Julio Flórez, José Asunción Silva, Rafael Pombo y Enrique Álvarez Henao.

Los últimos meses de vida del Jetón transcurrieron entre Bogotá y su isla, por razón de las continuas citas médicas que debía atender. Para recuperar su salud, vendió su paradisíaca estancia al Instituto Geográfico de Colombia que la adquirió para establecer allí un observatorio magnético internacional. Luego, se radicó en Bogotá, en la calle 46 # 8-49, casa de su sobrina Isabel casada con el Ingeniero Manuel José Melo Suárez.

Eran las dos de la tarde del 22 de noviembre de 1952 (hace 55 años). Con tranquilidad y dejando traslucir una sonrisa, propia de su concepción de la vida y del mundo, expiró en la paz del Señor.

Su última manifestación de humor fue ese día de su muerte cuando le sobrevino un vómito intenso. Al llegar la enfermera para ayudarlo le dijo: “Señorita, la estaba esperando con ansias”.

Sus deudos lo enterraron en la isla de El Santuario y sobre su tumba aparece el siguiente epitafio que el mismo Jetón redactó para su testamento literario:

“Aquí yace el calavera
que ordenó y dejó dispuestos
los bienes a su manera,
y a la GRUTA verdadera
tiró sus últimos RESTOS”.

www.directorio-de-blogs.com

viernes, 30 de noviembre de 2007

La tragedia de Santana

Era una mañana de cielo despejado y sol ardiente la del día 24 de julio de 1938. Al norte de la ciudad de Bogotá, en el campo de Santana, cerca a los cuarteles del Ejército Nacional, se presentaría una gran revista militar en honor de los presidentes Alfonso López y Eduardo Santos, electo. Una muchedumbre tomaba asiento en las tribunas. El concierto era verdaderamente bello: Elegancia, distinción, colorido, alegría en los rostros, orgullo en los corazones, animación y regocijo. Vida se advertía por doquier.

A las diez de la mañana se presentaron los presidentes, los ministros del Despacho, los diplomáticos e invitados especiales. Se localizaron en la tribuna central sobre la cual ondeaban los colores patrios. En la escalerilla, permanecía, con serenidad y altivez, el edecán militar, capitán Pardo Martínez, impidiendo la entrada a personas ajenas a ese círculo.

Miles de bogotanos se volcaron al campo, sin que muchos pudiesen entrar por falta de boletos o por variadas dificultades propias de estas aglomeraciones. El pueblo quedó detrás de las tribunas y, como es costumbre, "los piquetes" eran consumidos a la par que los toques marciales de las bandas de guerra.

La revista militar arrancó aplausos sonoros y entusiastas y en los ánimos se anidaba un sentimiento de seguridad ante los valerosos defensores de la Constitución y de las leyes. Para finalizar, estaban previstas maniobras aéreas. El capitán César Abadía comandaba el pelotón. Al occidente, unos puntos negros avanzaban velozmente hacia la ciudad jubilosa. Los ojos escudriñaban el horizonte y la emoción cundía. La maniobra de la "cola de ratón" se iba a ejecutar con precisión calculada.

Según el Coronel de la Fuerza Aérea, Manuel Villalobos, “la versión de que el piloto intentó arrancar de su mástil la bandera nacional fue producto, en esa época, de la imaginación de algunos espectadores profanos y cobró aceptación en la fantasía popular tal vez para relievar la audacia que caracterizaba a Abadía antes que para condenarlo. Desde el punto de vista técnico y físico tal osadía resultaba un imposible. Basta apreciar la longitud del diámetro de la hélice de un avión en sus revoluciones para comprender, sin esfuerzo, que un hombre requeriría extender su brazo, desde la posición de mando en la cabina, en proporciones inconcebibles para superar esa distancia. Y mucho más en el caso de un biplano como lo era el “hawk” conducido por el teniente Abadía”.

La conclusión de las maniobras fue la de que el ala izquierda rozó la escalerilla de la tribuna presidencial y se quebró; mató al capitán Pardo Martínez, se incendió el avión y a 40 metros detrás de la tribuna se hundió en el suelo habiendo votado en ese trayecto gasolina y fuego. En su mortal avance, varias decenas de vidas se cegaron; mutilados, deformes y quemados se multiplicaban. ¡Absurda tragedia de un día feliz! Sobre la vida, la muerte cayó voraz, sanguinaria, implacable y cruel. Después... silencio sepulcral, llantos, desesperación, terror, intenso dolor, histeria...

Continúa diciéndome el Coronel Manuel Villalobos en carta sobre este tema: “La investigación del accidente demostró que, por causa de la densidad atmosférica de Bogotá, la maniobra acrobática de “rollo lento” efectuada por el piloto a bajo nivel le hizo perder altura y que, al verse enfrentado a las tribunas, Abadía realizó un esfuerzo supremo para evitar la colisión imprimiendo a la máquina un viraje escarpado durante el cual, inevitablemente, el tren de aterrizaje alcanzó a golpear un extremo de la cubierta de la tribuna diplomática por sobre la cual pasó el avión para estrellarse, ya sin control, muchos metros detrás de tales instalaciones”.
Los muertos resultantes como consecuencia directas del accidente ascendieron a veinte. El resto, que hizo subir a 65 el total de las víctimas fallecidas, se ocasionó por el atropello de la multitud despavorida que procuraba huir del sitio del siniestro para escapar de la muerte, me asegura el mecenas de estos recuerdos, el Coronel Villalobos..

El informe técnico del siniestro fue desfavorable al capitán Abadía quien murió con el rostro desfigurado, el pecho abierto y los huesos destrozados.

Los entonces capitanes José Ignacio Forero y Francisco Santos C., el ingeniero Luis Gómez Grajales y el Inspector Técnico Justo Mariño, rindieron un extenso experticio al Gobierno sobre la tragedia y estas son algunas de sus conclusiones: “... lo que resulta incalificable, por la magnitud del error que comprende, es la última maniobra del viraje de 130 grados que pretendió ejecutar entonces, a solo veinte metros de altura y casualmente en la zona en que era casi segura la presencia de un enrarecimiento atmosférico proveniente de la irradiación del sol sobre el piso desnudo de vegetación y colmado de gentes. Se agrega, además, como agravante, la presencia de esa muchedumbre y el reducido espacio de que disponía para poder coronar con éxito su temerario intento...”. Igualmente, dicen que “constituye un error técnico por parte de cualquier piloto experto en acrobacias” realizar esa maniobra a tan poca altura.

Abadía trató de evitar la colisión contra la tribuna, procurando colocar el avión en contra-rumbo para esquivar el obstáculo contra el cual se iba a estrellar. Desgraciadamente, el ala de la máquina rozó una de las latas del improvisado tejado de las tribunas, se oyó un estallido seco y, luego, la máquina dio un salto como de campana para clavarse, finalmente, en la tierra. El mecánico de Abadía gritaba instantes después del accidente: “Yo se lo dije.. yo se lo dije.. yo se lo dije.. estaba loco...” ¿El mecánico sabría algo de la maniobra? Abadía era experto en esta clase de acrobacias y sabía siempre lo que hacía.

Ese mismo día, el presidente Alfonso López dictó el Decreto No. 1.340 por el cual el Gobierno compartía el sentimiento que había suscitado el siniestro de Santana, rendía emocionado tributo a las víctimas y declaraba duelo nacional, siendo de cargo del erario público las exequias y la asistencia de los heridos.

La tragedia de Santana conmovió a Bogotá y a toda América.

http://www.Directorio.de.blogs.com

martes, 20 de noviembre de 2007

Televisión vía satélite.

Es la media noche en Pleumeur-Boudou, villorrio de la Bretaña Francesa. Mi mente retrocede en el tiempo al martes 1º de julio de 1962. Existe ansiedad entre expertos de Televisión y Radio reunidos allí. Una pantalla chica es objeto de incesantes miradas. Un clamor general, unido al gozo de los presentes, se origina cuando la primera imagen de televisión norteamericana llega a Europa a través del espacio. Ha nacido Mundovisión y ha comenzado el imperio de la televisión vía satélite.

Mi mente analítica investiga las causas del alborozo. Para quienes vivimos en esta era, tal vez solo nos importe las imágenes claras y el sonido perfecto de una transmisión desde Italia o desde cualquier país del mundo. Pasamos por alto, posiblemente, las investigaciones realizadas, los medios utilizados, los instrumentos y equipos requeridos para que la imagen hiera nuestras pupilas. Pero parece indispensable señalar a ustedes, queridos lectores del Ultramar mental, esos aspectos técnicos que en esa célebre transmisión se tuvieron en cuenta.

En ese martes memorable, desde un estudio de televisión de New York se lanzaron imágenes diversas con objetivo una emisora de Andover, sitio cercano a las fronteras con el Canadá. De aquí las ondas pasaron al satélite artificial denominado “Telstar” donde se reflejaron devolviéndose a la misma tierra para ser recogidas en Pleumeur-Boudou por las potentes antenas receptoras que rastreaban el satélite. Habiéndose estimulado las ondas, que en ese paseo espacial se debilitan, se dirigieron conscientemente hacia París para su distribución a la tele audiencia francesa.

El satélite Telstar, intermediario en esta transmisión oceánica, fue lanzado desde Cabo Cañaveral el mismo día de la historia que les estoy narrando impulsado por un poderoso cohete. Su posición de giro alrededor de la tierra se encuentra a los 5.000 Km de distancia de ella. El Telstar consta de 2.530 conductores, de 1.064 transistores, de 1465 diodos y de aproximadamente 9.941 elementos diferentes que tienen por fin recoger la imagen que llega de la tierra y devolverla hacia ella en reflejo.

Un inconveniente fue analizado especialmente. El giro del satélite alrededor de la tierra, a una distancia de 5.000 Km duraba 2 horas y 40 minutos; por tanto, la imagen de reflejo aparecía en el televisor cada 2 horas y 40 minutos con permanencia de 15 minutos, tiempo de desplazamiento captado por la rastreadora y visto por la transmisora. Fue necesario, entonces, buscar mayores alturas de ubicación en órbita del satélite y aumentar el número de satélites comunicadores. Fue así como surgieron los proyectos General Electric de 10 satélites ubicados a 10.000 Km de distancia de la tierra y Communication Satellite Corporation (COMSAT) de 3 satélites a 35.000 Km

Posteriormente, en el año de 1964, surgió el “Pájaro Madrugador” en órbita de 35.000 Km de distancia de la tierra y ahí comenzó la carrera de progreso de la intercomunicación intercontinental a través de Mundovisión.

En este artículo no podemos dejar de mencionar los trabajos de John Logie Baird, escocés pionero en televisión y los sistemas electrónicos de TV creados por Isaac Shoenberg que permitían imágenes nítidas y confiables. Ambos pusieron a consideración del mundo sistemas opuestos de emisión. El primero con su televisión mecánica y el segundo con su televisión electrónica llamada EMI.

Directorio de blogs:
Directorio blogs

martes, 13 de noviembre de 2007

Memorando muy mal entendido.....

Recibí de un lector el siguiente memorando que nos demuestra cómo cada persona que escucha un comentario lo tergiversa de conformidad como lo ha entendido.

"El testimonio humano es un medio de información y prueba de imprescindible ocurrencia, pero como vehículo de verdad peligroso en sumo grado, por lo cual las leyes de todos los paises lo rodean de precauciones, a veces confiadas a la crítica del juez y otras veces a normas expresas de experiencia universal" nos enseñó el Dr. Antonio Rocha Alvira, en la Cátedra "De la prueba en derecho" en la Universidad del Rosario.

Como podemos verlo, el testimonio es el relato que hace una persona de hechos de que ha tenido conocimiento directo o indirecto, ya por haberlos visto, oido, leido o intervenido en éllos.

Para prueba de lo anterior, podemos presentar a los lectores el correo que reibí:

"M E M O R A N D O:

De: PRESIDENTE
Para: GERENTE GENERAL

El lunes próximo, a eso de las siete de la tarde el cometa Halley se hará visible. Es un acontecimiento que ocurre cada 78 años. Reúna a todo el personal en el patio de la fábrica, todos usando casco de seguridad, que allí les explicaremos el fenómeno. Si llueve, este raro espectáculo no podrá ser visto a ojo desnudo, en ese caso entraremos al comedor donde será exhibido un documental sobre ese mismo tema.


De: GERENTE GENERAL
Para: JEFE DE PRODUCCIÓN

Por orden del Presidente, el lunes a las siete aparecerá sobre la fábrica el cometa Halley. Si llueve reúna a los empleados con cascos de seguridad y llévelos al comedor, donde tendrá lugar un raro espectáculo, que sucede cada 78 años a ojo desnudo.


De: JEFE DE PRODUCCIÓN
Para: SUPERVISOR

A pedido de nuestro gerente general, el científico Halley de 78 años, aparecerá desnudo en el comedor de la fábrica usando casco, porque va a ser presentado un documental sobre el problema de la seguridad en días de lluvia.


De: SUPERVISOR
Para: ASISTENTE

Todo el mundo desnudo sin excepción, deberá estar en el patio el lunes a las siete, donde el famoso músico Halley mostrará el vídeo bailando bajo la lluvia. El show se presenta cada 78 años.


De: ASISTENTE
Para: PERSONAL DE PLANTA

El jefe cumple 78 años el lunes y habrá una fiesta en el patio y el comedor con el famoso conjunto Bill Halley y sus cometas. Todo el que quiera puede ir desnudo pero usando casco, porque se va a armar un pinche desmadre aunque llueva".

El 9 de abril de 1948.- El Bogotazo

Bogotá, calificada como “la Atenas Suramericana”, era la anfitriona de la IX Conferencia Panamericana por el mes de abril de 1948 cuando el panorama de la política nacional no era el más propicio para celebrarla. Debido a muchos enfrentamientos entre los partidos por variados hechos de violencia en diversos municipios del país, el Partido Liberal se había retirado del Gobierno de Mariano Ospina Pérez obligando al Mandatario a constituir un Gabinete netamente conservador cuyo guía era el Dr. Laureano Gómez y aceptando que aquel partido no participase en la Conferencia como delegado por Colombia. Quien planteó esta estrategia política, en esos momentos, era el Dr. Jorge Eliécer Gaitán, Jefe de la colectividad.

El 8 de abril del año en cuestión, el Dr. Gaitán había obtenido un resonante triunfo profesional en el área del derecho penal. Después de celebrar este acontecimiento, al día siguiente asistió, como siempre, a su oficina situada en el Edificio Agustín Nieto (carrera 7ª entre calle 14 y Avenida Jiménez). Hacia el mediodía, aceptó ir a almorzar al Hotel Continental con sus entrañables amigos Plinio Mendoza Neira, Jorge Padilla, Alejandro Vallejo y Pedro Eliseo Cruz pero exigió salir rápidamente por cuanto que a las 3 de la tarde tenía una cita con los jóvenes cubanos, Fidel Castro y Rafael del Pino quienes vivieron a Bogotá a participar en la Reunión Interamericana de Estudiantes, organizada por la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU).

Bajaron por el ascensor y salieron del edificio, Gaitán adelante cogido por el brazo de Plinio Mendoza Neira y detrás los demás contertulios. Los relojes marcaban la una y cinco de la tarde. Tres disparos seguidos y, unos segundos después, otro más hicieron impacto en los pulmones y en la base del cráneo del Dr. Gaitán haciéndolo caer al suelo en estado preagónico.

El Dr. Cruz trató de auxiliarlo mientras los demás identificaban al asesino que aún estaba empuñando el revolver homicida. Consternados los amigos de Gaitán, quien aún respiraba, tomaron un taxi con destino a la Clínica Central, situada en la calle 12 entre carreras 4ª y 5ª. Pero la ciencia no le pudo a Tánatos.

Los primeros médicos que lo atendieron fueron Hernando Guerrero y Carlos Venegas, adscritos a la Clínica. A los pocos minutos se hicieron presentes los médicos Antonio Trías, Agustín Arango, Yezid Trebert Orozco, Raúl Bernet, Alfonso Bonilla Naar y Carlos Jiménez Guerra. Su trabajo fue infructuoso pues el líder ya se había ido.

A las afueras de la Clínica reinaba la confusión. El pueblo se amotinaba exigiendo tomarse el Palacio Presidencial. Los dirigentes del Partido Liberal llegaron a la Clínica preocupados: Darío Echandía, Carlos Lleras Restrepo, Alfonso Araujo, Alberto Arango Tavera, Plinio Mendoza Neira y Julio Roberto Salazar Ferro.

En esos momentos, se partía en dos la historia de Bogotá y de Colombia.

Mientras el conductor político moría, todo un pueblo se había abalanzado contra el asesino quien buscaba refugio en la vecina Droguería Granada. Los trabajadores de este establecimiento bajaron la reja que, posteriormente, fue forzada por la turbamulta y Juan Roa Sierra, el asesino, fue arrastrado por el pavimento sufriendo golpes y patadas hasta cuando expiró ante la violencia. Su cadáver quedó a las puertas de Palacio.

Roa Sierra era un hombre bajito, de 1.55 mts., moreno pálido, más bien joven, de cuerpo regular, manos grandes, nariz regular, con vestido marrón oscuro, zapatos amarillos viejos, camisa desgarrada en el cuello, corbata azul, pálido, despeinado, de estrato relativamente bajo. Cuando un empleado de la Droguería le indagó por qué había matado al Dr. Gaitán, dijo: “Ay señor, por cosas poderosas que no puedo decir...”

La ira de la muchedumbre ante el crimen de su conductor político, se mostró con saqueos, incendios, pillaje y muertes. Casi un centenar de casas y edificios públicos, la casa del Dr. Laureano Gómez, el periódico “El Siglo”, el Hotel Regina, La Nunciatura Apostólica, el Instituto de la Salle, la Universidad Femenina Javeriana, la iglesia de El Hospicio, el Palacio de Justicia, el Palacio Arzobispal, todos los establecimientos comerciales con nombres americanos o extranjeros, como Bauer, Bickenbach, Croydon, Glottman, Schimdt y los tranvías de la ciudad, fueron presa de las llamas. La muchedumbre gritaba, robaba los almacenes de víveres (más de 600) y se sentía dueña de la situación con la complacencia de la policía. Se solicitaba la renuncia del Presidente de la República pero no lo hace pues “más vale un Presidente muerto que un Presidente fugitivo”.

El ejército, seis días después del insuceso, tomó el control de la ciudad la cual, en esos momentos, presentaba un panorama desolador en el centro y en algunos alrededores. En ese nefasto día, murieron más de dos millares de personas, muchos perjuicios se causaron y bastante indemnizaciones se pagaron por parte del Gobierno. Además, varias situaciones políticas se presentaron para presionar la salida del Dr. Ospina de la Presidencia que no lograron tener el resultado deseado.

Aviones a 32.000 pies de altura.-

Mientras un poderoso Boeing 747 (jumbo-jet) me transportaba a una altura de 32.000 pies (término utilizado en aeronáutica) y con una velocidad de 960 kilómetros por hora (término utilizado por los pacientes viajeros) mi mente se turbó ante una avalancha de interrogantes que surgían espontáneos.

¿Quién pudo ser la persona que logró los vuelos con motor? Mi hijo contestó de inmediato: Fueron los hermanos Orville y Wilbur Wright en 1903 pero el vuelo solo duró 12 segundos. Es decir, la aviación se inició con el siglo XX.

Durante el vuelo admiraba el desarrollo del transporte comercial aéreo. Pensaba que este se debía no solo al progreso económico de los pueblos y al mejoramiento de las relaciones internacionales sino también al óptimo servicio de las compañías a sus pasajeros y a las tarifas cada día en descenso o por lo menos en poco ascenso. (¿Será cierta tanta belleza después del 11 de septiembre de 2002?) No descarté la posibilidad de que otro factor incidiera en ese desarrollo vertiginoso operado desde 1945. ¿Cuál sería? El progreso técnico en la aeronáutica es patente debido al estímulo creativo de la demanda de este medio de transporte rápido y seguro.

¿Será necesario aumentar la velocidad? Fue el primer interrogante a mi consideración mientras veía por la ventanilla un copo de nubes allá abajo aparentando un espectáculo invernal en Europa. Muchos expertos en la materia contestaron que como la demanda por este medio es cada día más creciente, el aspecto de velocidad tiene gran importancia para fomentarla más y más pero con estos requisitos: que el transporte de masa sea a tarifas cada vez más bajas acompañado de más frecuencias de vuelos y horarios convenientes.

Pierre Satre, técnico francés de aviación y experto en el avión Caravelle, nos responde el interrogante: “El tamaño de nuestro planeta es tal, que no tiene objeto aumentar la velocidad más allá de cierto límite (especialmente si se considera que el tiempo que el viajero ha de permanecer en tierra no disminuye de modo alguno en la misma proporción que el tiempo de vuelo)”.

¿Por qué, entre nosotros, en lugar de reducir las tarifas aéreas, están a 32.000 pies de altura? Fue una suspicaz pregunta del pasajero del lado que viajaba con su esposa y un ejército de muchachitos. Comentamos ampliamente el asunto y creímos, justificadamente, que mientras el turismo social no implante sus reales en Colombia no es posible que las tarifas bajen. Sencillamente porque ese fenómeno se opera cuando los volúmenes aumentan, se reducen los tiempos de viaje redondo y se disminuyen los tiempos de espera.

Actualmente, está comenzando a marchar una política gubernamental de fomento del turismo social; los empresarios están meditando sobre la posibilidad de hacerla viable, también, rebajando un poco sus tarifas. Conozcamos a Colombia, viajando por Colombia. ¿Pero a qué precios? A precios ajustables a las diversas economías familiares. Hay empresas aéreas que han comprendido esta nueva filosofía de ventas y están actuando en esa dirección.

El turismo no debe tener vigencia solo en las etapas de temporada. Hay que impulsarlo en tiempos normales a bajas tarifas.

¿Y de la seguridad qué? La seguridad en el transporte aéreo es cada día más acentuada: existe reducción en el número de fallas técnicas y humanas y toman auge las mejoras para predecir el tiempo y para aterrizar con cualquier condición atmosférica. A medida que la velocidad sea factor determinante en el volumen de pasajeros, los aviones supersónicos, seguros por la alta tecnología e investigaciones espaciales, estarán siempre al servicio en los viajes intercontinentales como el caso del A-380 de la empresa Singapore Airlines.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Los alumbrados de Navidad en Medellín

Por un amable envío de una querida lectora, tengo el gusto de transcribir apartes de un Boletín Informativo de las Empresas Publicas de Medellín sobre los alumbrados navideños en esa ciudad.

40 años cumplirán “los Alumbrados”:
EN DICIEMBRE, MEDELLÍN SERÁ “UN MUSEO DE NAVIDAD”


“En un principio, la festividad de la Navidad tuvo un carácter humilde
y campesino, pero a partir del siglo VIII comenzó a celebrarse con la pompa litúrgica que ha llegado hasta hoy, creando progresivamente la iluminación y decoración de los templos, los cantos, lecturas, misterios
y escenas piadosas que dieron lugar a representaciones al aire libre
del nacimiento del portal de Belén”.

-Pepe Rodríguez, historiador español, “Ritos y mitos de la Navidad”-


Desde la Patagonia hasta Rusia, desde Alaska hasta a la India, cada pueblo del mundo celebra la Navidad a su manera. Pero sus ritos, costumbres, y símbolos se han venido fundiendo a través de los siglos, al punto que las fronteras y orígenes de la más mágica época del año ya no existen, porque se han vuelto universales. No se sabe a ciencia cierta de dónde surgieron muchas de las festividades que hoy celebramos como si fueran nuestras, siempre con la misma actitud de asombro y de recogimiento.

Niño Jesús, Papá Noel, San Nicolás, Santa Claus… No importa quién traiga los regalos. Tampoco hace falta saber si el árbol de Navidad nació en Oriente o en Occidente, o si las campanillas, guirnaldas y trompetas son modernas o antiguas. Qué más da. La Navidad es simplemente un sentimiento que emociona y que contagia.

Y ese sentimiento, esa luz, esa magia que irradia la Navidad, es la que quiere transmitir Empresas Públicas de Medellín este año con “Medellín, un Museo de Navidad”, que recreará las mejores y más arraigadas tradiciones decembrinas del mundo, en un cuento de Navidad interminable que tendrá mucho de historia, pero también de imaginación y de creatividad.

Este año, Medellín será un gran Museo con múltiples galerías y una gran exposición: la Navidad. De eso se encargarán 15 millones y medio de bombillas multicolores, cientos de figuras, toneladas de papel metalizado, de cintas y cascadas luminosas, miles de kilómetros de mallas y monumentales estructuras de acero, que engalanarán a Medellín desde el 7 de diciembre, como preámbulo del Desfile de Mitos y Leyendas, y hasta el 7de enero de 2008".

jueves, 1 de noviembre de 2007

Guillermo Marconi

Revisando papeles viejos, encontré algunas anotaciones sobre un tema que puede ser del interés de mis lectores. Precisamente, durante las celebraciones del primer centenario del nacimiento de Guillermo Marconi en el Instituto Colombo-Italiano, un viejo marconista italiano –nacionalizado en Colombia-, siguiendo al ingeniero húngaro Michael Pupin, precisó que si ha de darse un nombre correcto a las ondas eléctricas, no puede ser otro que el de “Ondas Marconi” pese al bautizo de “Ondas Hertzianas” efectuado por el Bureau of Standars en l.964.

Previendo cualquier polémica que por esta afirmación pudiera surgir, Italo Amore, ya fallecido, aportó argumentos contundentes para sostener su tesis. Sin desconocer la importancia científica de Hertz quien, en su laboratorio, demostró las oscilaciones electromagnéticas, ya enunciadas por el escocés Maxwell veinte años antes, aseguró que se había exagerado en atribuirle a Hertz merecimientos en asuntos en los cuales no tuvo que ver, porque después del ensayo en su laboratorio se había dedicado a otros como los de la física, la óptica y la mecánica. En radio propagación, hertz se contentó con algunos metros de distancia y, siguiendo a Maxwell, afirmó erróneamente que todas las radio-ondas eran “cuasi-ópticas”. Pero a él se le debe el conocimiento de que las ondas electromagnéticas tienen las mismas propiedades de las luminosas y que se trasmiten con la velocidad de la luz.

En cambio, Guillermo Marconi –nacido en Bolonia el 25 de abril de 1874 e hijo de José Marconi y la irlandesa Ana Jameson- gastó su fortuna y la de su padre experimentando, por tierra y por mar, con las microondas pero al constatar que no alcanzaban distancia apreciables “en vez de abandonar la idea, siguió investigando y principió a descubrir y abrir en el espectro electromagnético una nueva gama de ondas que hoy llamamos radioeléctricas o marconianas” Inventó el detector magnético y descubrió, también, las ondas medias y las ondas largas con las cuales en 1901 llevó a cabo la famosa comunicación transatlántica, a distancia de 3,500 kilómetros, sin relevos ni repetidores, desde Poldhu (Cornualles), Inglaterra, hasta San Juan de Terranova, Canadá. Esta comunicación la realizó después de sus ensayos a través del Canal de la Mancha, entre Londres y Boulogne, a distancia de 48 kilómetros, el 20 de marzo de 1899.

Veintidós medallas de oro recibió Marconi durante su carrera científica, fuera del Premio Nobel de Física alcanzado en 1909 y de los honores que Italia le rindió. ¿Cómo se explica, entonces, el reemplazo de Marconi por Hertz? Para Italo Amore, tal hecho se debe a “errores e injusticias de la política internacional”.

El expositor del Colombo-Italiano recordó para finalizar su disertación, a Guillermo Valencia cuando cantó:

“ Fundió el sonido y el tiempo
“ fecundizó el espacio
“ magnificó la vida
“ eternizó el instante
“ Marconi, honor del mundo
“ Numen y prez del Lacio”.

El Teatro Colón de Bogotá

Tomás Ramírez y Dionisio del Villar, por licencia del virrey José de Ezpeleta, establecieron en Santafé de Bogotá una casa de comedia cuyas obras de construcción, iniciadas el 20 de agosto de 1792, las dirigió el arquitecto Do­mingo Esquiagui.

Por el año de 1886, Rafael Núñez la expropió de Bruno Maldonado y ordenó que sobre la edificación de simple mampostería, Cantini hiciera una integral reconstrucción. Artistas italianos de renombre intervinieron en ella: Rameli se encargó de la ornamentación, Mastellari y Menarino pintaron los frescos y Gatti en Florencia terminó el famoso telón de boca. En él caracterizaron los personajes más destacados del arte teatral: Hamlet, Carlos V, Carmen, Mefistófeles, Lucía, Traviata, Fígaro y otros héroes de la tragedia lírica.

Por primera vez se alzó este telón el día 27 de agosto de 1892 cuando debutaba la compañía de Augusto Cazzali con la ópera «Hernani» estando presente el primer magistrado de la nación, doctor Carlos Holguín.

Anexo al Teatro Colón, existió un agradable sitio de sublimes recuerdos: La Escuela de Arte Dramático, comúnmente llamada «El Palomar» con época de oro en vida de Víctor Mallarino. Por allí, destacados concertistas deleitaron a mi rancia sociedad; el teatro dramático menor fue la pasión de las nuevas generaciones y los recitales poéticos la delicia de todos los públicos. Muerto mi hijo, autor de «Hogar, Dulce Hogar», una serie de cuadros costumbristas y moralistas, El Palomar pasó a otras manos y se desvinculó definitivamente del Colón.

Posteriormente, la dirección del teatro lo re­mo­de­ló, amplió, promovió artes escénicas, presentó conciertos estudiantiles y populares, formó la Compañía Nacional de Teatro y continuó trayendo las mejores figuras del teatro, del concierto y de la, zarzuela. Con estas realizaciones se relievaría más la fama continental del Colón.

Y para ciertos críticos, olvidaba decirles que en 1898 llegó a Colombia y actuó con éxito la primera compañía de zarzuelas «Zimmerman y Uguetti».

Se seguirá ofreciendo sano esparcimiento espiritual y cultural en dicho recinto, donde la mística de sus directores ha evitado su desaparición. Conviene, pues, que Colcultura siga atenbdiendo las plegarias de los ciudadanos por su restauración para aliviar su tensión en esta época de veloz y agitado cambio.

El guayabo no se opera

El guayabo o resaca es un algo indefinido que está acompañado de ruidos pomarrosos, de un terror por la claridad solar y por los colores amarillos, de un deseo frenético de secar el Mar Caspio y de cierto dolor de cabeza localizado en su base y en sus frontales que poco dejan abrir los ojos. Para redondear la sintomatología, se advierte un nerviosismo hasta raro, un remordimiento atroz y la necesidad de conocer exactamente lo que pudo haber pasado durante “las lagunas” que aparecen, de cuando en cuando, durante “la tranca” (léase también “perra” o “rasca”, "resaca" en puro lenguaje cachaco). La conciencia surge con dedo inquisidor: ¿Por qué te desabrochaste la camisa?, ¿Por qué insultaste al venerable canónigo?, ¿Por qué metiste la pata contando los secretos de doña Petra?, ¿Por qué miraste más de la cuenta los abismos pectorales de doña Cecilia?, ¿Por qué irrespetaste a las damas, que en un rincón de la sala, hablaban mal de sus maridos? Y así por el estilo, surgen interrogantes imaginarios a los cuales no es posible contestar.

Para Rafael Arango Villegas, dechado de ingenio y humor, el guayabo es un rey que cobra severos tributos a quienes se codean con Baco. Por eso, lo llama “su majestad el guayabo” que aparece inserto en una obra publicada en 1961 por la Editorial De Bedout de Medellín.

Como puede ser de interés para mis amigos que gustan de las reflexiones en el espacio (léase elucubraciones) y para quienes de viernes en viernes o de tarde en tarde sufren esta extraña entidad nosológica y desean conocer su patología para acertar en la terapéutica precisa, transcribo algunos criterios del autor mencionado que nos puede ser, además, para curar (mas no para operar) esa cosa tan horrenda que se llama guayabo.

“¡Ah! el guayabo! Aquel terrible despertar del lunes, con un sabor en la boca de estribo de cobre, una sed de desierto en las entrañas, que se acrecienta con el dulce murmurar de imaginadas cascadas de Kola, de cerveza y de frescas limonadas y un atroz remordimiento en la conciencia como si uno hubiera asesinado al muchachito de Lindbergh”.

Para este ingenioso hombre de la montaña, el guayabo es una enfermedad de hombres porque las mujeres no podrían resistirlo a menos que usaran medias coloradas y tuvieran en la cara un “aruñito de barbera”. Es una maldición de Dios lanzada cuando el hombre tuvo con Él aquel disgusto en el Jardín del Paraíso por la cuestión aquella de la fruta que la mujer mordió de primera.

No sé por qué escribí hoy sobre el guayabo. Pero si usted, estimado lector, me lee con uno de esos, haga un viaje mental por los sitios recorridos y verá cómo el remordimiento surgirá para no volver a caer en la tentación de aceptar un cóctel de 7 a 9 p.m. de los que se acostumbran en muchas ciudades de nuestro país para toda clase de acontecimientos, inclusive para inaugurar el cerebro con un pensamiento. Si usted no es de esos, siga reflexionando en el espacio sobre el tema.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Las estrellas y sus cantos.

La luna, las estrellas y las galaxias han sido materia de múltiples miradas e investigaciones, ya por parte de los enamorados que ven en éllas como el reflejo de sus ondas emocionales, ya por parte de los astrónomos que desean "0ir"las estrellas en sus cantos rítmicos cósmicos para, luego, verlas en su desnudez púdica a través de telescopios ópticos.

Los astrónomos "oyen" las estrellas y las galaxias recogiendo sus ondas y sus radiaciones eléctricas por medio de instrumentos registradores llamados radiotelescopios, compuestos de un reflector parabólico y de un receptor de alta sensibilidad.

Se llaman ondas radioeléctricas a las radiaciones provenientes de las estrellas, de las galaxias y del gas interestelar. Esas ondas no se deben confundir con las electromagnéticas, que son ondulaciones formadas por condensaciones y rarefacciones de energía.

Y para comprender mejor el concepto, podemos decir que todos los circuitos eléctricos que conducen corriente alterna irradian una parte de su energía eléctrica en forma de ondas de radio.

Las ondas radioeléctricas vienen del espacio y las electromagnéticas van hacia él para trasladar el mensaje del cosmos y el pensamiento del hombre.

martes, 23 de octubre de 2007

Reflexiones en general

Este blog tiene por objeto dar a conocer a todos los lectores una serie de reflexiones sobre temas de interés cultural, legal, científico y de la vida diaria. Iniciaré pronto su publicación. Espero recibir sus comentarios.

Samuel Morse

El 27 de abril de 1791, nació en Charleston (Massachussets) el pintor y científico Samuel Finley Breese Morse, padre del telégrafo y del código que lleva su nombre. A los veinte años de edad, se dedicó de lleno a la pintura en la cual se destacó habiendo expuesto públicamente muchos cuadros entre los cuales el “Hércules moribundo” mereció una medalla de oro concedida por la Adelphi Society of Arts. Su entusiasmo por la pintura se prolongó durante toda su vida pero las producciones más famosas tuvieron salida entre los años 1811 y 1835.

En la ciudad de Nueva York fue fundador de la Academia Nacional de Dibujo y profesor de esta delicada rama del arte y de literatura en la Universidad de esa misma ciudad.

En uno de sus viajes marítimos, estuvo reflexionando sobre la forma de transmitir, en forma instantánea, el pensamiento humano a través de la electricidad y un hilo. Con estos pensamientos, ideó el telégrafo, invención que lo hizo famoso.

Morse conectó e interrumpió un circuito mediante una rejilla corrediza con puntas metálicas que, al deslizarse, operaban un interruptor. Para la emisión de señales de interpretación de letras y números, inventó un sistema de combinación de puntos, rayas y espacios en blanco, entendiéndose que las combinaciones de señales cortas correspondían a las letras de frecuente utilización, como las vocales, y las combinaciones de señales largas para las letras de menor uso en el lenguaje corriente.

Después de haber ideado los anteriores sistemas, hizo su primer ensayo de transmisión telegráfica el 24 de mayo de 1844 entre las ciudades de Baltimore y Washington, distantes entre sí 64 kilómetros. En esa emisión, invocó a Dios como impulsador de esta revolucionaria invención que, con el tiempo, cambiaría todos los sistemas de comunicación a distancia, con estas palabras: “What hath God wrought”, vale decir, “lo que Dios ha escrito”. El éxito de esta primera comunicación por telégrafo con hijos, durante el cual se conocieron datos del estado del tiempo en las dos ciudades mencionadas, cundió por todo el territorio americano, aplaudiéndose ka invención por cuya patente sufrió Morse algún tiempo.

El código internacional de telegrafía Morse está compuesto de puntos y rayas y se constituyó en idioma universal. También se utilizó en comunicaciones por medio de banderolas, señalizadores, señales de luces, pitos, etc.

Ya anciano, Morse se dedicó nuevamente a la pintura en Locust Grove – New York – hasta cuando llegó la muerte el 2 de abril de 1872.

En el Central Park de Nueva York se levantó, en vida del homenajeado, una estatua de bronce en reconocimiento popular por el invento que permitió a la humanidad utilizar los hilos del progreso.